Hace más de una década ya, que empecé a incursionar en el area de los textiles y encontré, por decirlo de alguna manera, mi lugar en el mundo o más claramente el espacio donde me encuentro más feliz trabajando.

Viniendo del campo del diseño y deseando poder crear algo que pudiera construir con mis propias manos sin depender de otros y, por otra parte, que no requiriera de gran inversión en máquinas o tecnología, experimenté con distintos productos, siempre con el diseño como mi herranienta principal. 

LLegué a los textiles un poco casualmente, para complementar una línea de vajilla que estaba diseñando en ese entonces, ahí me di cuenta de todas las posibilidades que se me abrían con ese material y me enamoré, como dije, descubrí mi mundo feliz. 

Al principio me dediqué a crear patrones para interverir con serigrafía las telas que luego convertiría en distintos productos, desde manteles, almohadones, bolsos, etc., tanto para la casa como accesorios de moda para uso personal.

Curiosa por naturaleza, me interesó conocer más sobre el área en la que estaba empezando a trabajar. El mundo textil es muy amplio, siempre hay algo para aprender, algo nuevo que conocer, técnicas que descubrir o redescubrir. Y bueno, así empecé a investigar sobre los tintes naturales y las propiedades de las plantas para teñir y estampar. Ya llevo varios años en este camino y me sigue fascinando, cada día aprendo algo nuevo, pruebo plantas, técnicas y siempre me sorprendo con los resultados, claro también hay decepciones, pero todo es parte del aprendizaje y lo mejor de todo es que siempre hay camino por recorrer.

En mi tienda conviven mis dos amores, el más controlado de dibujar y sentarse a la computadora para definir el patrón que voy estampar y el mucho menos controlado, pero mucho mas sorprendente, de tratar de capturar la naturaleza y asombrarse con el resultado.

Como corolario, cuando amas lo que haces y haces lo que amas, el trabajo deja de ser trabajo para transformarse en placer.